Las manos de las madres tejiendo... Algo de todas las tardes, quizá mientras rezan el rosario trenzando con las lanas padrenuestros, avemarías, glorias...
Nos cuenta una joven socióloga cómo la olleta del tinto hace parte de su vida y de su memoria viva: recipiente, agua, fuego, café, manos diligentes, un trapito y un aroma sobrecogedor. Resultado: un momento maravilloso.
Los objetos viven con nosotros por muchísimos años casi sin darnos cuenta. Ellos guarecen a las personas amadas que también comparten con nosotros a diario. Graciela nos abre su casa para presentarnos a un objeto entrañable, su mesa, y a sus habitantes.
Existen palabras niñas que viven en el país de Nunca Jamás. No se han roto ni quebrado; tampoco envejecen, tampoco mueren. Las palabras niñas permanecen intactas para siempre en nuestra memoria. Esto lo confirma Freddy Giovanny con su plato azul.
Una poetisa, cuyo nombre no recuerdo, y una serie de poemas, cuyos versos olvidé, trajeron un objeto a mi memoria, que se convirtió en inolvidable. Esos poemas versaban sobre "el armario".