Las colchas

Las manos de las madres tejiendo... Algo de todas las tardes, quizá mientras rezan el rosario trenzando con las lanas padrenuestros, avemarías, glorias...
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Se oye el rosario de fondo. Ellas… en medio de la sala, en una mecedora, rezando y la colcha de turno colgando, protegiendo sus piernas del frío.

Colchas bebé

Palabras para chuparse los dedos

Las madres lo tejen todo. Tejen el cariño con lanas de colores pastel, para evocar el descanso con el azul, la frescura con el verde, la calidez con el rosa y la alegría con el amarillo pastel.

Las madres tejen para sus nietos y bisnietos con lanas de nube de algodón o de bambú que casi se deshacen en la boca, en punto de urdimbre que zigzaguea como una canción de cuna. Los imaginan en el aire sobre alfombras voladoras y aterciopeladas, gozando sobre unicornios y en brazos de grandes osos de peluche. Hilvanan un sinfín de alimentos en sus frazadas en punto de arroz, de trigo y de garbanzo. Y como nunca olvidan el dulzor necesario para los sueños, traman sus oraciones en punto panal y nido de abeja.

Colchas hijos

Palabras para protegerse del frío

Tejen en lanas gigantes de lino, alpaca o virgen a sus hijos varones. Traman súplicas prolongadas en tres o más gajos para protegerlos de la intemperie, de los fríos extremos que calan en los huesos. Urden en bucles multicolores las lanas para familiarizarlos con los laberintos y sus salidas. Para resguardarlos de la calle y sus riesgos, embisten con punto brioche roto o con bodoques, para asemejar puyas de defensa contra malhechores.

También, elaboran puntadas en punto piqué de doce hilos que cambian con frecuencia e intempestivamente la dirección para camuflar a sus hijos, confundir los peligros, y regresarlos de nuevo a casa.

Colchas hijas

Para las noches
Palabras para no sentir miedo

Tejen colchas sobrenaturales para sus hijas. Las que protegen de la oscuridad nacen en punto de ondas y olas provenientes de la profundidad de la noche hasta llegar a la luz del día. El tejido emprende en azul medianoche, pasando por royal y azul cielo, hasta llegar al azul claro, internándose en punto de espuma de mar, abanico o de encaje. El tejido protege de la espesura de la noche, de las sombras escondidas en los armarios, de los golpeteos de las ramas en los vidrios de las ventanas, de los movimientos absurdos debajo de la cama y de las figuras que cruzan por la sala; todo urdido en punto de alas de ángel. Con esta colcha se traspasa la noche y los rayos de luz llegan con la aurora.

Para los días
Palabras para inaugurar caminos

Las que protegen del día las acometen en punto fantasía proveniente del mismo centro de la tierra, donde heladas y llamas habitan, hasta tocar terreno pando. Comienzan tejiéndose en verde pino, pasando por enebro y alga, hasta llegar al albahaca. Están hechas para la protección de las tierras movedizas que tragan incautos, de las espesuras de la selva que devoran perdidos, de los altos montes por los cuales se despeñan desesperados, entretejidas ora en punto de hojas, pinos o corales, ora en punto calado ondulado o en red. Con esta colcha se franquean los caminos que nacen en los pasos.

Corolario

Madres, abuelas, bisabuelas saben cómo hacer sus cosas: dónde recoger vellones y el lugar de las agujas; cómo escoger, combinar y trenzar colores; cómo destinar para sus amados senderos halagüeños.

Sin darnos cuenta, vivimos siendo el sueño moldeado por esas manos: manos que reciben, acogen, acarician, cuidan, alimentan, se juntan para rezar y tejen escudos de los colores y materiales necesarios para proteger la vida.

Benditas manos